Así que tengan cuidado de cómo viven. No vivan como necios sino como sabios. Saquen el mayor provecho de cada oportunidad en estos días malos. No actúen sin pensar, más bien procuren entender lo que el Señor quiere que hagan. Efesios 5.15-17

La sociedad en la que nos toca vivir en este tiempo ha perdido poco a poco, la conciencia del valor que tiene la familia. Esto es evidente en las agendas cargadas de actividades o los horarios excesivos del trabajo en pro de “mejorar la calidad de vida”. Un cantante cristiano dice una verdad tremenda acerca de esto: “la casa de mis sueños pide dejar los sueños a un lado, quitar tiempo a mi familia para dárselo a mi trabajo.  Si el bienestar que deseo, me quita el bien que ya tengo, la casa de mis sueños, ya no la quiero”. ¡Cuanta verdad hay en estas palabras!

 Las consecuencias, muchas veces, de no encontrar un equilibrio en la manera de vivir, son hijos que crecen en abandono, con todas sus necesidades materiales suplidas, pero no las espirituales. El desafío para la iglesia hoy es vivir una vida completamente diferente a como vive el mundo. El proyecto familiar viene directamente del corazón de Dios, y demostraremos tal verdad, en la medida que lo creamos y vivamos. Oremos para que nuestro Buen Padre nos ayude a encontrar un sano equilibrio en los roles que debemos cumplir, incluso dentro de la iglesia, y nos enseñe a vivir sabiamente, priorizando lo realmente importante, viviendo en definitiva bajo una visión de Reino.

Unámonos en oración por nuestras familias, que la motivación de nuestros corazones sea siempre glorificar a Dios por sobre todas las cosas, aunque eso signifique dejar de lado nuestros propios proyectos personales.

  1. Oremos por la gran familia Aliancista en Chile, por aquellos que el Señor ha puesto en eminencia. Así como es natural que cada miembro que compone una familia crezca y se vuelva un adulto, oremos para que cada miembro que es parte de nuestra iglesia crezca en madurez espiritual, esto es, en amor por Dios y su Palabra, por nuestro prójimo y por el mundo no alcanzado.
  2. Oremos por las familias pastorales, que el Señor proteja sus vidas y las relaciones matrimoniales, dé sabiduría a cada pastor, como cabeza del hogar, para liderar piadosamente a su esposa e hijos en el temor del Señor.
  3. Oremos por las familias que componen nuestras iglesias, que el vínculo de amor y respeto sea tan evidente a quienes les rodean que puedan alcanzar a muchos con la Buena Noticia.

Amén