El Espíritu de vida me ha liberado del pecado

Por A. B. Simpson

La vida de Cristo Jesús que nos trae al corazón el Espíritu Santo opera como una ley de divino poder y vitalidad. Se contrapone, sobrepone y levanta por sobre la antigua ley de pecado y muerte.

Ilustremos estas dos leyes con una simple comparación. Por la ley de gravedad nuestra mano naturalmente cae sobre el escritorio y allí se queda, atraída a él por la ley natural que hace que todos los objetos de peso caigan a la tierra.

Pero hay una ley más poderosa que la ley de gravedad—nuestra vida y voluntad. A través de la operación de esta ley superior—la ley de vitalidad—desafiamos la ley de gravedad, levantamos nuestra mano del escritorio y la movemos según nuestra voluntad. La ley de vitalidad nos libra de la ley de gravedad.

De igual manera la vida de Cristo Jesús en nosotros opera con el poder de una nueva ley y ésta nos levanta y contraataca al poder del pecado y nuestra naturaleza caída.

Cita Bíblica:

“La ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte” — Romanos 8.2