Él no abrió su boca

Por A.B. Simpson

¡Requiere de mucha gracia poder sobrellevar malos entendidos en forma correcta y aceptar en santa dulzura un juicio injusto!

Nada pone a prueba nuestro carácter cristiano como que se hable malévolamente de nosotros. Esto es la lija o lima que demuestra si somos de un material enchapado o de oro refinado y puro.

Si sólo supiéramos de las bendiciones que se atesoran para nuestras vidas para poder decir como el Rey David cuando maldecido por el benjaminita. David el Rey añadió: —Si el hijo de mis entrañas intenta quitarme la vida, ¡qué no puedo esperar de este benjaminita! Déjenlo que me maldiga, pues el Señor se lo ha mandado.12 A lo mejor el Señor toma en cuenta mi aflicción y me paga con bendiciones las maldiciones que estoy recibiendo (2 Samuel 16.11-12).

Algunos se distraen de lo grandioso de sus proyectos de vida para proseguir con las interminables quejas en contra de sus enemigos. Pronto sus vidas son nada más que un sinfín de guerrillas. Es como un nido de avispas. Podemos dispersar a estas avispas, pero en el proceso podemos quedar con muchas picazones y ningún beneficio que se reporte por nuestros esfuerzos; aún su miel no vale la pena buscar.

Que Dios nos dé más del Espíritu de Cristo. “Cuando proferían insultos contra ÉL, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregaba a aquel que juzga con justicia” (1 de San Pedro 2.23).

“Sí, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo” (Hebreos 12.3)

Cita Bíblica:

ÉL no abrió Su boca—Isaías 53.7