El que me ama, obedecerá mi palabra

Por A. B. Simpson

La idea de obtener nuestra propia santidad, y que el SEÑOR nos premie por ello no es SU enseñanza.  No.  Cristo es nuestra Santidad.  ÉL mismo, el Santo, ÉL vendrá a morar en nuestro corazón por siempre.

Cuando un millonario compra una propiedad con una pocilga sobre ella, él no la arregla.  Él contrata a alguien para que la demuela.  En su lugar construye una mansión.  Nosotros no hemos de arreglar el cuchitril; más bien hemos de entregársela a Cristo.  ÉL excavará por debajo de nuestra vieja vida y construirá una casa propicia donde ÉL pueda vivir para siempre.

Esto es lo que significa que Cristo será la preparación para la bendición de santidad que gesta Su propia venida.  Imagínese al gran rey asirio que sale en campaña.  Él no pide que se prepare el camino, más bien él envía a sus hombres a cortar árboles, llenar los barrancos y aplanar los montes.  También si lo dejamos, Cristo será el Rey que Viene, el autor y consumador de nuestra fe (Hebreos 12.2).

Cita Bíblica:

El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él—Juan 14.23