Hogar de niñas la Granja: 50 años de oración, esfuerzo y amor


Jueves 06 de Julio de 2017 | Comunicaciones ACYM

"Cualquiera que sea rescatada, para mí es ganancia, porque para Dios una vida vale mucho"


Una frase muy utilizada por hermanos, pastores, y muchos otros que tratan día a día de entregar un mensaje de salvación. Sin embargo, en esta ocasión es escrita en un contexto muy especial. Hace referencia a un lugar donde cada día hermanas en la fe luchan contra el abandono, el abuso, el maltrato y una gran carencia afectiva y valórica. Hablamos del Hogar de Niñas La Granja.

Este es el sentir de Ximena Pacheco, pastora capellán del hogar desde el año 2015. Pensamiento que seguramente se repite desde el año 1967 en cada uno de los hermanos que dieron vida a este proyecto social y espiritual, y a los que de ahí en más han colaborado en esta hermosa labor. Y si bien los aliancistas escuchamos hablar con frecuencia de este lugar, poco sabemos de su historia.

Por eso, ¿dónde nace el hogar? ¿Con qué fin se crea? ¿Cómo funciona en la actualidad? Son algunas de las preguntas más comunes y que a través de este relato trataremos de responder.


Hogar de niñas la Granja: 50 años de oración, esfuerzo y amor Sus inicios

El Hogar nace en el año 1967 en la localidad de Loncoche, región de La Araucanía, con el objetivo único de alcanzar las vidas de aquellos niños y niñas que, en un contexto histórico y social diferente al nuestro, vivían en sectores rurales en situación de pobreza y en algunos casos de abandono. Obra dirigida por el pastor Luis San Martin y su esposa Hilda Rivas, en ese tiempo siervos de la iglesia de Villarrica, quienes se conmovieron por la inmensa necesidad de los menores del sector.

"En la estación ferroviaria de Loncoche y sus alrededores había muchos niños que no tenían hogar y vivían en la calle por diversas situaciones: Pequeños huérfanos, hijos de padres alcohólicos, etc., de ahí nace esta idea de mi abuelo de iniciar el proyecto", señaló la nieta del fundador del Hogar, Carola San Martín.

Carola también cuenta que su abuelo era un hombre muy sensible, y parte de este sentir tenía que ver con su experiencia de vida, pues no alcanzó a conocer a sus progenitores. "Su madre murió a los tres meses que él nació y su padre falleció antes que su esposa diera a luz. Se crió con su abuela materna quien tenía un hijo de tres años", agregó.

Sintiendo esta inquietud por parte del Señor, "Papi Lucho", como lo llamaban en el hogar, le pidió ayuda a su amigo Luis Figueroa quien era director de la radio de Loncoche, él aportó con la difusión y los contactos para conseguir un terreno. Y la tarea no era sencilla, pues debían juntar peso a peso para poder encontrar un lugar donde instalarse.

Hasta que, después de un largo tiempo de clamar a Dios, lograron adquirir un terreno para partir. Proyecto que también fue presentado a la Corporación Alianza Cristiana y Misionera, que desde esa época se involucró en la administración del hogar. Sin embargo, comenta la hermana Carola San Martín, no estaba en condiciones de aportar en la parte económica en su totalidad, por lo cual la ayuda comenzó a llegar por medio de hermanos e iglesias que veían en esta iniciativa una gran oportunidad evangelística y social.

Así, el día 7 de enero del año 1967 se comienza a construir este gran sueño; el anhelo de dar protección a niños y niñas que más que un techo donde vivir, necesitaban cariño. Y quienes además de recibir alimento para el cuerpo, fueron llenos del alimento espiritual.

El evangelio de Cristo; La base del crecimiento

El proyecto en un principio fue mixto, donde partieron con aproximadamente siete menores. Gracias a la difusión y el apoyo de varias iglesias el número comenzó a incrementarse, llegando a cerca de doscientos niños y niñas. Algo impensado en un comienzo, pero que llenaba el corazón de todos los funcionarios y profesionales que trabajaban en el Hogar.

Y lejos de asustar, el desafío de cuidar y entregar una enseñanza basada en la Biblia a este centenar de niños y niñas se transformaba en el motor de cada uno de los hermanos y hermanas que aportaba en este trabajo. Devocionales, oración, cultos y una hermosa comunión eran parte de la rutina diaria. Labor inculcada tanto por los pastores como por las tías de trato directo. Estas últimas eran hermanas que se encargaban de cuidar y enseñar a los menores, tomando el rol de madres. Sin duda una de las tías más recordada es la hermana Zelmira Pinilla, perteneciente a en ese tiempo a la iglesia de Villarrica, quien cumplió este rol desde el día de la fundación del hogar hasta el año 2010, y fue parte de este trabajo evangelizador.

"El hogar se inicia para enseñar la Palabra. El director era pastor y entregaba una formación cristiana. Esto era como una gran familia porque estaba dividido por sectores, varones y mujeres, pero todo lo hacíamos en conjunto. Había un solo comedor, una sola cocina, todo se hacía en familia, y la formación cristiana en un cien por ciento. El hogar contaba con un lugar especial para realizar y fortalecer el área espiritual", comentó. Hogar de niñas la Granja: 50 años de oración, esfuerzo y amor La funcionaria, quien en el año 1979 viajó a Santiago para trabajar en el que hoy es el Hogar La Granja, confirma que Dios siempre respaldó tanto a las personas que sostenía este proyecto, como también a los más pequeños. Cuenta varios testimonios, sin embargo señala que en una ocasión Dios hizo un milagro cuando no tenían nada para comer.

"En una oportunidad no teníamos absolutamente nada de alimento. Ese día el pastor San Martín se levantó como siempre a las 5 de la mañana para ver que todo estuviera bien, y no había nada de nada para comer. Después de hacer el devocional el pastor dice que vamos a dar gracias por los alimentos que nos vamos a servir, y no había nada. Estábamos orando cuando se siente una bocina y venía un vehículo con alimento para una semana. Hubo un evento en Loncoche el cual no dio resultado, y todo lo que tenían para vender, lo regalaron al hogar y a la cárcel", contó con evidente emoción.

Así como en esa ocasión, la mano de Dios los sostuvo por varios meses donde tuvieron que hacer campañas para recibir alimentos y otros implementos necesarios para el buen vivir de los niños y niñas. Situación que sin embargo era de total preocupación de los encargados. Esto, sumado a la gran cantidad de menores, se tomó la decisión de separar el hogar. Así, los hombres se quedaron en Loncoche, mientras que las niñas ahora tendrían un espacio en Santiago, específicamente en la comuna de La Granja, actualmente La Pintana.

Años difíciles; Tiempo de lucha espiritual

Fue así como en el 27 de diciembre de 1979 se inaugura el hogar La Granja con aproximadamente 70 niñas a su cargo. Una cifra mucho menor a la que había en Loncoche, pero que permitía poder trabajar con cierta tranquilidad debido al gran gasto que conlleva mantener en lo económico, un lugar como este. De esta forma el pastor San Martín y su esposa se trasladaron a Santiago, quedando ella como directora de esta nueva obra, mientras que "Papi lucho" quedó a cargo de la coordinación de ambos hogares.

Tanto ellos como los funcionarios que viajaron a la capital, llegaron a esta nueva obra con ilusión y esperanza. Sin embargo, la falta de recursos se hizo cada vez más insostenible, hasta que finalmente el Hogar, que en todo momento siguió estando a cargo de la Corporación, pasó a recibir subvención directa del Servicio Nacional de Menores, lo que de a poco fue afectando el trabajo espiritual que por tantos años mantuvieron en el sur, y que, a lo largo de la historia del Hogar, tanto fruto había dado. Hogar de niñas la Granja: 50 años de oración, esfuerzo y amor "Sename nos prohibió por ejemplo, poner música cristiana pero tratábamos de hacerlo de alguna forma. También había un parlante afuera donde se ponía música cristiana y nos objetaban. Esto con el pasar de los años se agravó cada vez más. Gracias a Dios hoy se está retomando la razón por lo cual esto partió, que era entregar la palabra de Dios y formar niñas con estos valores", aseguró la "Tía Zelmira" quien vivió este proceso en carne propia.

Sin duda que depender del Estado comenzó a transformarse en un problema para quienes lideraban el proyecto en ese entonces, y para todos los hermanos que posteriormente se hicieron cargo del Hogar donde destaca la labor del hermano Omar Sepúlveda y su esposa Miriam Aldos. Joel Rivera y su esposa Nancy Bertín, la hermana Pamela Romero, Verónica Núñez, y los hermanos Daniel Trujillo y Leonardo Hunulef. Todos grandes hombres y mujeres de Dios que de alguna forma no permitieron que se dejara de sembrar la palabra de Dios en medio de tanta necesidad.

El Sename no promueve ni apoya la formación eclesiástica. Por este motivo, la Corporación a través del Departamento de Misiones envió una capellán quien cumple la labor de la enseñanza y apoyo espiritual tanto a las niñas como a las funcionarias que ahí trabajan durante el año. Y si bien su trabajo se realiza con varios límites y trabas por parte del Estado, la figura eclesiástica de a poco fue volviendo al querido Hogar de Niñas.

El Hogar en la actualidad

Si bien en ese tiempo ya no era un requisito ser cristiano para trabajar en el Hogar, con el pasar de los años la Corporación ha trabajado para que este vuelva a ser un lugar completamente para el Señor. Tarea ardua pero que de a poco va dando sus frutos.

La figura del capellán ha contribuido en esto, ya que es la encargada de generar un plan de trabajo acorde a las necesidades espirituales tanto de las niñas como de las funcionarias del Hogar. Es así como en el año 2015, y después de tres años donde carecieron de una figura eclesiástica, se integra la pastora Ximena Pacheco, quien hasta la actualidad cumple este rol en conjunto con la actual directora, la hermana María Paz Jarabrán, perteneciente a la primera iglesia de Providencia.

"Para eso fui enviada, para trabajar en el área espiritual y ganar pequeñitas para Cristo, y si no es ahora que algún día pueda dar frutos en sus vidas", señaló la hermana.

El Hogar actualmente trabaja con 40 niñas de diferentes edades, pero con un tope de 18 años. Según cuenta Ximena, si bien este es un hogar "no complejo", las niñas llegan con problemáticas sociales que muchas veces requieren un trabajo muy profundo, tanto en lo espiritual como en lo afectivo y psicológico.

"El perfil de las niñas del hogar no es como antes. Hoy tienen por ejemplo, trastornos psiquiátricos. Hay niñas complejas en conductas que vienen de entornos muy complicados con padres alcohólicos o traficantes. Otras han estado inmersas en explotación sexual, y eso ha sido un tema muy fuerte para sus vidas. Ya no son solo niñas inquietas", señaló. Hogar de niñas la Granja: 50 años de oración, esfuerzo y amor Por este motivo las niñas reciben ayuda profesional a cargo de dos duplas de psicólogas y trabajadoras sociales, además de una psicopedagoga. En total son 25 personas las que trabajan durante el año, donde los profesionales y el personal administrativo es todo cristiano. De las tías de trato directo, que son doce, cinco hace poco hicieron decisión por Dios y están en discipulados. Las otras no conocen al Señor pero, según señala la capellán, son respetuosas.

De esta forma, la pastora se dedica durante toda la semana a trabajar la parte espiritual tanto de forma grupal como personal a través de devocionales, momentos de oración, y otras dinámicas que según comentan, de a poco van dando frutos.

"Las pequeñas están comprendiendo muchas cosas. Por ejemplo, una chica un día me dijo que estaba enferma, que le pidió a Dios que la sanara y se sanó, y eso para mí fue un logro tremendo. O las mismas tías que no son cristianas están pidiendo que les enseñemos a orar porque las niñas le piden oración. De ahí algunas se han convertido en esta búsqueda. O las mismas niñas le enseñan a las tías"; contó con evidente alegría.

Así también la capellán comenta que de a poco ha ido involucrando a las iglesias de la Alianza en este hermoso proyecto, donde asegura que, muchas veces por falta de información, son pocas las congregaciones que colaboran de manera constante con el Hogar, pero que sin embargo están trabajando para generar ese vínculo.

La iglesia es el cuerpo y como tal es responsabilidad de todo mantener viva esta hermosa obra que costó sacrificio y por sobre todo mucho clamor de tantos hermanos que por años nos dieron una lección de vida. Es nuestra misión dar, orar y aportar con un granito de arena para que este sueño, que partió en el año 1967, perdure por muchos años más.

Escrito por Area de Comunicaciones Alianza Cristiana y Misionera de Chile



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