¿Coincidencia? Nada es una coincidencia en nuestras vidas, todo tiene un fin


Miércoles 01 de Marzo de 2017 | Comunicaciones ACYM


Nada es una coincidencia en nuestras vidas, todo tiene un fin Era mi último año de universidad y para graduarme ese año tendría que tomar más ramos de lo normal. Al mirar la lista de ramos que me entregó mi orientadora uno de ellos era Administración de Bibliotecas; quedé "de una pieza" como se dice ¿Por qué tenía que estudiar este ramo? Yo nunca iba a necesitar esa materia ya que iba a ser misionera. Mi horario ya tenía ramos extra ¿por qué uno más? refunfuñé; compré un texto usado y el más barato, parecía tan estropeado. Cumplí con lo que se me pedía pero no muy bien, dándole poco tiempo lo trabajé con una compañera de curso y ella hizo más que yo. Dios usó a mi profesora para enseñarme una lección "Debes siempre hacer tu propia tarea y no copiar de tu compañera, ¿No vas a ser una misionera?"

Eso me habló muy fuertemente. Pasaron algunos años y llegó el momento de ir como misionera al país designado, Chile. Cuando me fui de Chile a los 14 años siempre quise volver pero Dios me dejó varios años en Estados Unidos para que volviera en su tiempo, a servirle a El. Siempre supe que había regresado porque Dios me quería ahí y no para darme un gusto. Llegué vía barco a Valparaíso el 10 de octubre de 1957 y dos días después a Temuco a la misma calle, edificio y al Instituto Bíblico; llegué al mismo lugar de donde salí 14 años antes. ¡Que bendición!

Me asignaron enseñar en el Instituto y después de varios meses me di cuenta de un armario con puertas de vidrio y cerrado con un candadito muy chiquito, adentro había unas repisas con algunos libros forrados y sin nombre así era la costumbre en esos tiempos. Un día le pregunte a un estudiante que material guardaban allí "Es la Biblioteca" me respondió, un estudiante era el bibliotecario y tenía la llavecita, no le di mucha importancia pero el Señor empezó a hacer crecer en mí un pensamiento "Tú puedes hacer algo".

Ya habían pasado años desde que tomé ese curso de Administración de Bibliotecas, además yo tenía que estudiar mucho para los ramos asignados pero el Señor no se olvidó e iba creciendo en mí la necesidad de que los estudiantes pudieran aprender, investigar, añadir a su conocimiento, leer los escritos de grandes hombres y mujeres de Dios, ampliar su vocabulario, y todo lo que ofrece una Biblioteca.

En ese tiempo mi hermano David llegó de misionero y con su ayuda nos lanzamos a este desafío. Por fin se abrieron las puertas del armario, nuestro único mueble, sacamos los libros y por falta de espacio fuimos colocando los libros en montoncitos según sus temas en el piso, los estudiantes nos miraban con interés y asombro "¿libros en el piso?" ese fue el principio de la presente Biblioteca en el año 1961.

Esta era la Biblioteca que Dios nos dio hasta el último clavo, como le decía a los estudiantes. Con el tiempo me di cuenta de una gran lección: "Nada es una coincidencia en nuestras vidas" todo tiene un fin, si estamos abiertos a la voluntad de Dios para nuestras vidas, si somos obedientes a lo que El nos dice y nos dejamos guiar, habrá bendición, Dios bendice no solamente a uno también a muchos y esta bendición fue muy grande. Me emociona cuando pienso en todos los beneficios y bendiciones que ha sido la Biblioteca a estudiantes y otros que han venido de afuera para investigar, leer, y en más de una ocasión recibir el Evangelio. Cuando Dios pone algo en nuestro camino que no parece importante o no nos guste ¡cuidado!, Dios tiene bendiciones muy especiales donde menos lo pensamos.

Escrito por Misionera Bárbarita Volstad Tomado de la Revista Salud y Vida



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