“Yo y mi casa serviremos a Jehová”

Testimonio de Ruth Sanhueza de Freire, Los Angeles

Debía ser el día más feliz de mi vida, porque ante Dios respondería “sí” a los votos matrimoniales y empezaría una nueva vida con la persona que había conquistado mi corazón. Pero con sentimientos encontrados, por decidir unirme con un joven no cristiano y además siendo hija de pastor.

Me alejé de la iglesia sin darme cuenta y empecé a compartir con la familia de mi esposo costumbres que eran nuevas para mí. En un principio disfrutaba mucho de esta nueva vida, pero con la llegada de mis hijos sentí fuertemente la responsabilidad de su formación integral y especialmente el área espiritual. Fue así como paulatinamente comencé a vivir mi calvario, porque mi espíritu anhelaba volver a la iglesia y disfrutar lo que había sido mi vida desde pequeña, pero ya no tenía la libertad.

Con el amor y comprensión de mi esposo, busqué instancias de desarrollo personal, como terminar mi carrera y ser profesora de educación básica, lo cual me hizo sentir muy dichosa y realizada, pero poco a poco me fue desencantando pues, al no tener una mención o especialidad, al hacer reemplazos, hay hacer asignaturas del profesor que reemplaza y no siempre se tienen las competencias o habilidades en todas las áreas. Se agudizó el sentimiento de no encontrar satisfacción en lo que pensé encontrar.  Pero de una cosa estaba segura, que mi vocación era la enseñanza a niños. Mis dos hijos estaban creciendo y me necesitaban y entre sufrir estrés haciendo algo que no me llenaba por tener un recurso económico, y criar a mis hijos, decidí no trabajar más, pero también aumentaba mi  frustración. 

Un día me visitó una sobrina, me compartió lo hermoso que estaba siendo para ella la escuela dominical y me hizo la invitación a asistir; era el impulso que necesitaba, ya no tenía excusas por tener los niños pequeños, pero sí la oposición de mi esposo.

Aclaro que mis raíces son de un contexto pentecostal y cuando niña no existía la escuela dominical. Fue así que acudí el domingo a la invitación y me di cuenta de que necesitaba imperiosamente volver al Señor.  Al igual que el hijo pródigo, mi Padre me abrazó con su amor infinito y me guió para ir valientemente tomando decisiones que me llevarían a la meta  “Yo y mi casa serviremos a Jehová” Josué 24:15.  

En ese  tiempo en que  Dios iba allanando el camino, nos sorprendió con el anuncio de nuestro tercer hijo después de 13 años;  quien al cumplir 2 años sufrió un accidente casero, que pudo costarle la vida. Dios permitió, con cada detalle, que no le quedara duda a mi esposo que él había intervenido.

Con el milagro de mi pequeño hijo, aumentó mi deseo de buscar más de Dios y fue así como comencé a estudiar en el Instituto Bíblico Nacional para tener más conocimiento de la Biblia y así poder tener argumentos para compartir con mi esposo, siempre con la esperanza de que algún día comprendiera el mensaje.

En ese período de estudio, que fueron 5 años, Dios abrió puertas en la comuna de Los Angeles para impartir clases de religión evangélica y mi maestro, me impulsó a que aceptara el desafío. Recién empezaba a comprender los propósitos de Dios.

Como las clases del Instituto se realizaban en las dependencias de un templo, me relacioné muy de cerca con la Iglesia Alianza y fuimos invitados a un encuentro de matrimonios donde el Señor empezó a obrar en mi esposo. Comenzamos a congregarnos ahí, valorando por sobre todas las cosas, el estudio de la Palabra y la sana doctrina, tan necesaria para el crecimiento espiritual de toda mi familia.

Desde ese tiempo estuvimos entregando todo nuestro tiempo y servicio al Señor en la única  Iglesia de la ciudad de Los Ángeles que ministra el pastor Luis Segovia y desde el año 2013 fuimos comisionados por él, para  apoyar la plantación de Iglesia Galilea, junto a nuestro hijo menor, donde ha sido una bendición trabajar en este proyecto junto a nuestro pastor Magdiel Gajardo  y su esposa Patricia.

Nuestro segundo hijo tiene su propio hogar y nos han regalado dos hermosos nietos, los que disfrutamos aquí, y su primicia, ya está con el Señor. 

Nuestra hija primogénita, aceptó también al Señor y junto con su papá recibieron el bautismo en Septiembre del 2003. Posteriormente, obedeciendo el llamado a las misiones y luego de estudiar en el Seminario Teológico de Temuco, Texia cumple su servicio en Iquique, dispuesta a seguir caminando donde el Padre la lleve.

Dios ha sido fiel y aún tengo la bendición de tener a  mi madrecita, que con sus 92 años, es un claro ejemplo de mujer virtuosa. 

Que Dios les bendiga a través de este testimonio.   

Print your tickets

shares